Todo comienza en realidad con el nuevo siglo. El XX parece ser llamado a ser el siglo de la cultura, de la asociación, y es en ese momento, en su nacimiento, en 1900 cuando un grupo de empresarios relacionados con el mundo de la literatura, la imprenta y la edición, interesados en la defensa de los derechos adquiridos en materia de propiedad intelectual constituyen el Centro de la Propiedad Intelectual de Barcelona, y al año siguiente, en Madrid, se funda la Asociación de la Librería de España.

Pasan los años y en agosto de 1916, un traductor de varios idiomas, escritor y editor valenciano afincado en Barcelona, Vicente Clavel Andrés (Valencia, 1888 – Barcelona, 1967), conoce al escritor uruguayo José Enrique Rodó, con el que entabla una estupenda relación y establece un preámbulo de intercambio masivo de ediciones y literatura hispanoamericana entre las dos orillas del charco.

A instancias suyas y en contacto con la casa de América, en 1918, gente de la literatura como Gustavo Gili, Mariano Viada, Rubio y Lluch, Miguel y Planas, federico Rahola y Rafael Vehils constituyen la Cámara del Libro de Barcelona y, poco después, la de Madrid, que se declararían oficiales en 1922 por un decreto de José Sánchez Guerra, presidente del Consejo de Ministros durante el reinado de Alfonso XIII.

Al año siguiente, en 1923, la Memoria de la Cámara del Libro de Barcelona trae una noticia: la propuesta de dedicar un día de cada año a celebrar la Fiesta del Libro, iniciativa, cómo no, de don Vicente Clavel, vicepresidente primero de dicha Cámara, propuesta que reitera el 25 de febrero de 1925 e inicia las gestiones para que se proponga en la Cámara de Madrid.

Así, tras mucho luchar, el 6 de febrero de 1926, el rey Alfonso XIII de España firmaba el Real Decreto del Día del Libro, que incluye, además de la celebración, la instauración y ampliación de bibliotecas en toda España y la incitación a la lectura entre toda la población. Poco antes de morir, don Vicente declaraba a un periodista durante una entrevista que fue él mismo quien redactó la ley.

Durante los años siguientes se celebró, alternando con las famosas Exposición Internacional de Barcelona y Exposición Iberoamericana de Sevilla, el 7 de octubre, fecha del nacimiento de Miguel de Cervantes.

En Barcelona, la fiesta ha ido tomando un cariz más popular y comercial, con paradas de todo tipo de libros en la calle, desde circulares de la Cámara Oficial del Libro a libreros y maestros, mientras que en Madrid suelen realizarse actos académicos de mayor solemnidad.

Es en 1930 cuando se decide cambiar la fecha al 23 de abril, día de su muerte, comprobada documentalmente, en lugar de la fecha del nacimiento, que solo es una suposición. Ese año, en Barcelona alcanza un éxito extraordinario, al que contribuye que sea día festivo, el del patrón, y coincidir con la edición de diversas novedades literarias catalanas de gran aceptación popular. A partir de entonces los editores deciden publicar las novedades coincidiendo con el Día del Libro y organizando actos de firmas de ejemplares por los autores.

Es en 1931 cuando se unen Cervantes y San Jorge: una rosa y un libro. Al día siguiente de aquel Día del Libro de 1931, un periodista dijo: «Es de esperar que la próxima jornada se celebrará el 23 de abril coincidiendo con la de Sant Jordi, y alcanzará aún mayor esplendor y será una verdadera fiesta del libro…». El periodista resultó ser profeta, y desde ese momento la fiesta del libro en Barcelona se convirtió en una fiesta auténticamente popular.

En Madrid, sin embargo, la fiesta tomaba un cariz diferente. En 1932, según Josep M. Arnaud de Lasarte, o en 1933, según Fernando Cendán Pazos, se intenta celebrar la Feria del Libro de Madrid, prolongando su duración varios días, modelo que hoy en día se ha extendido por el mundo, con múltiples ferias similares a la Feria del Libro de Madrid, como pueden ser la Feria del Libro de Buenos Aires, originada en 1975, o la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, creada en 1987.

El estallido de la Guerra Civil dificulta seriamente la producción editorial: abastecimiento de papel, de materias primas, inseguridad general. El Día del Libro del año 1937 todavía se celebró con la aparición de algunas novedades literarias, pero en 1938, aunque el Departamento de Cultura de la Generalitat de Catalunya intentó dar una sensación de normalidad celebrándolo, fue el 15 de junio, de forma excepcional.

En 1939, un país deshecho intentaba un simulacro de celebración, pocos días después del fin de la guerra.

En 1941 las dos cámaras oficiales del libro se funden en una nueva entidad, el Instituto Nacional del Libro Español, centralizado en Madrid, pero que en Barcelona mantuvo una activa y eficiente delegación dirigida por August Matons, con la colaboración de Santiago Aceitunas, y desde 1950, la Fiesta del libro vuelve a ser popular. Los Gremios de Libreros y Editores, con la colaboración del INLE, editan carteles, sellos publicitarios, organizan exposiciones, sortean lotes de libros entre los compradores.

En 1967 fallece Vicente Clavel, propulsor del Día del libro.

En 1955, el Día del Libro fue propuesto por la Unión Internacional de Editores (UTE) y presentado por el Gobierno español a la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), que aprobó proclamar el 23 de abril de cada año el Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor.

Ángeles Pavía Mañes