Ellas son las protas… de papel

Desde sus niñas rebeldes hasta su extraña y magnífica mujer llena de aristas, Vicente Marco esboza retratos perturbadores de mujeres. Perturban por varias razones. Ante todo, porque Vicente Marco las asume en voz propia, en carne propia. Luego, porque se aleja del adagio de que las mujeres, condicionadas por su aspiración a la belleza, no pueden caer en la maldad absoluta, lo bello siendo antagónico de lo malo. Vicente Marco, como buen escritor que se precie, y él es más que buen escritor, es un maestro, obvia tal concepto filosófico que defendía el gran Kant (de quien siempre pensé que debería haber salido más en vez de pasar tantas horas en solitario en su cuarto mirando a la señora que atendía a las labores de su casa).

Así, armado con su pluma maestra y una visión revolucionaria de lo femenino, Vicente Marco nos sacude con dos escenarios diferentes donde la mujer es protagonista: futurista en Ya no somos niñas y contemporáneo en La mujer geométrica. Ambas sorprendentes y profundas con ligeros matices. La primera, fresca e irreverente; la segunda intensa y fascinante.

Dos obras con mujeres que, asfixiadas con su día a día, buscan reinventarse y, para ello, persiguen nuevos horizontes.

En Ya no somos niñas, las protagonistas declaran sin tapujos su hartura y emprenden una arrolladora y frenética huida hacia adelante, que Vicente Marco utilizará de la forma más literal para conminarlas a salvar el pellejo. Rizando el rizo, la fuga trasciende y se convierte en un movimiento revolucionario de resistencia femenina. Diversión y reflexión: admirable combinación. Estas “perras”, como se llaman entre sí, se dedican a subvertir entre risas muchos clichés actuales acerca de los roles asignados a cada género.

En La mujer geométrica, un ama de casa ve cómo se desploma su universo después de leer un mensaje en el móvil de su hijo. Indagará, se revolverá en todos los sentidos para salvar al hijo de una relación diabólica con una señora que le dobla la edad y acabará viviendo una de las más estrambóticas historias pasionales que se pueda vivir en…Valencia. Para quienes desconocían esa faceta de la ciudad de las flores, Vicente Marco, en un alarde de perversidad, nos presenta locales y lugares recónditos, aunque cercanos, donde desconocidos se entregan a sus deseos. Ahí, la madre, la anodina ama de casa, descubrirá su verdadera esencia, se enfrentará a sus propios demonios y a algún que otro demonio de carne y hueso. El final, made in Vicente Marco: asombroso.

Marina Lomar