“Tú ríete, pero yo sigo tomando clases de piano”.

Chano Domínguez vuelve a Valencia para celebrar sus 40 años en los escenarios y Pegando la Hebra ha tenido el privilegio de entrevistarle para nuestros oyentes. Chano es una estrella de talla mundial pero se comporta como un amigo entrañable apenas conocernos. Compartimos un café en «La más bonita». Premonitorio adjetivo para la tertulia.

De un tipo nominado a cuatro Premios Grammy, único español en el mayor proyecto de latin jazz de la historia, «Calle 54»,  y considerado el padre de la fusión de los ritmos flamencos con el jazz, cabría esperarle subido a la pilastra de Peridis, quizá distante, ante un modesto programa cultural de radio. Y resulta que nos hizo sentirnos importantes él a nosotros.  Nos cuenta sin pudor que es autodidacta, que no sabía de música y solo con el tiempo, ha aprendido.  —Después de 40 años me he redescubierto a mí mismo,  con lo que sé ahora, a veces no me reconozco,  porque yo no sabía lo que componía”.  Chano aprendió de oído a interpretar el flamenco con la guitarra que le regaló su padre. Oyendo tocar a sus tíos. Entre bulerías, quejíos, finos y tortitas de camarón.  El ADN gaditano le bastó para saltarse las lecciones de solfeo y buscar cómo romper las barreras del flamenco con el piano y los samplers de la época,  a base de riesgo y pasión. Y así sigue, 40 años después.

Chano es un genio en estado puro. Cuando vemos un cuadro de Picasso o un film de Woody Allen, los reconocemos al instante. Chano ha conseguido tener “su sonido”. Lo más difícil de lograr en la música.  Una atmosfera de bulerías, una genética de oído y calle, y su incansable curiosidad,  le han llevado a elevar ese don musical primigenio a la enésima potencia.  Y el trabajo: este mes de agosto, para celebrar sus 40 años en la música, tocó en Café Central de Madrid, 27 días seguidos con cinco formaciones distintas y dos sesiones a piano solo. Todo de memoria. Chano toca cada nota como si fuera la última y sabe pellizcarte desde la verdad con un virtuosismo perturbador.

Pero el verdadero don de los más grandes sólo emerge cuando su humildad nos avasalla. —Tú te reirás, pero yo aún sigo tomando clases de piano. Aún hoy, me sigue haciendo falta, es una polaca, que domina la clásica una barbaridad.

—Pero Chano, no te puedo creer, ¿No le darás tú clases a ella?

—Bueno, hacemos trueque, ella me enseña técnica y yo le enseño a arrancarse por tanguillos y alegrías y ella alucina.

Como alucinaron Winton Marsalis, Herbie Hancock, Paquito D’ Rivera, Jerry González o el mismísimo Paco de Lucía. Pero el mejor don de Chano no es su talento. Chano es un ser humano que emite belleza desde lo más simple y más difícil: la belleza y la bondad. Chano Dominguez, el duende del jazz.

Por: J.Pascual Martínez Climent