La «rentrée» literaria de este mes de septiembre se anuncia movida y prometedora. Sebastián Roa la inaugura con su nueva obra Enemigos de Esparta en la que abandona las sedas orientales y los afeites de las opulentas intrigas medievales para trasladarnos a la sobrecogedora Esparta de principios del siglo IV a. C.

He tenido la suerte de ganar el sorteo interno de Pegando la hebra y me he llevado el libro. Bueno, lo confieso, he mareado al personal para que olvidara celebrarlo y me he adueñado de la apasionante historia de Prómaco y Veleka. No soportaba esperar al lanzamiento del libro. Anhelaba sumergirme en las batallas y las incontables aventuras que deparan los Enemigos de Esparta, y disfrutar con las vibrantes reflexiones de un autor al que quiero y admiro.

Sí. Sebastián Roa es admirable porque convierte sus novelas en lecturas ineludibles para los amantes del género, no solo por la documentación exhaustiva, el marco geográfico detallado, la ambientación impecable y los personajes reales e inventados esbozados con esmero y realismo, sino también por la pasión que imprime a sus historias, por el poder evocador de una escritura elocuente que incita a leer sin apenas pausas.

Desde luego, yo he de leer a Sebastián Roa durante el fin de semana, porque cuando abro un libro suyo, no puedo soltarlo, demasiado inmersa en las espléndidas escenas que representan para mí sus personajes. Y no se trata solo de cómo percibo el olor a sangre o la perturbadora sensualidad de tantos deseos agazapados en las páginas, sino de cómo me conmueve el compromiso de Sebastián Roa con la vida y la época que le ha tocado vivir, aunque los recree sabiamente gracias a momentos y personajes desaparecidos.

Pronto tendré mi propio Enemigos de Esparta.  Abandonaré el del sorteo que se deslizó en mi bolso y girará la rueda de la fortuna… ¿Quién será el afortunado?

Marina Lomar

 

Obras publicadas