Hay artistas que se te enredan a tu vida. Hoy se han marchado dos de una tacada que me mordieron el alma. Jerry Gonzalez y Charles Aznavour. Y aunque no se parecían, me ha dolido el doble con la misma punzada.

La Trompeta de Jerry se hunde en mi niñez, en el recuerdo borroso de la que tocaba mi padre. Hace años, cuando le vi actuar, apenas soplar la boquilla se me derrumbó la memoria. Jerry creció en el Bronx y aprendió de Dizzy Gillespie. Se hizo famoso por su participación en Calle54 pero habia tocado con Chet Baker, George Benson, Jaco Pastorius, McCoy Tyner, Tito Puente, Archie Shepp, Cachao, Paquito D’Rivera, Woody Shaw, The Beach Boys o Freddie Hubbard. Solo los dioses comparten Olimpo con los dioses.

Hace apenas un mes, fuimos al Café Central – Madrid, santuario del Jazz, donde tuvimos ocasión de conocer en persona a un gran amigo suyo, Chano Dominguez, a quien abrazo a menudo con Manolo Jorge, admirador convicto y confeso de ambos. Os dejo la versión de «Cómo fue» que reinterpretaron ambos. Este bolero asesino, de Eduardo Brito, que explica lo inexplicable: «Cómo fue, no sé decirte como fue, no se explicarte que pasó, pero de ti me enamoré»

Tampoco sabría explicar cómo fue lo de Charles. Recuerdo que me compré la banda sonora de Nothing Hill en 1999 y descubrí que el tema que me enamoró, no era de Elvis Costello, sino de Charles Aznavour. «She» no era ella, sino todas las caras del amor. El cine tatúa emociones y momentos y esa memorable rueda de prensa de Julia Roberts, en realidad nació del talento de este armenio-francés que la había compuesto 25 años antes. Charles, con mil canciones, cien millones de discos y ochenta películas, ya nos había enseñado lo triste que se quedaba «Venecia sin ti». Años después, estando en París, Charles Aznavour actuaba en el Olimpia, pero no quedaban entradas. El amor y el desamor.
Ni París, ni Londres ni Venecia serán nada sin ti, Charles.

Pascual Martínez Climent